Quiénes Somos

Modelos de intervención

Siguiendo los resultados científicos que demuestran la eficacia de distintos tratamientos, ofrecemos un modelo ecléctico, que se adapta a tus necesidades y que tiene como exponentes:

Terapias contextuales

Son un enfoque terapéutico que se centra en la interacción entre el contexto y la persona. Integran de manera dialéctica la aceptación y el cambio, tienen como objetivo definir las funciones que tienen las conductas en relación al entorno. Los valores son los protagonistas a la hora de definir la ruta vital y la orientación para encontrarle sentido a la vida de manera más flexible.

Las principales terapias de tercera generación son:

Mindfulness (Atención Pena)

Aceptación y Compromiso (ACT),

Terapia Dialéctico- Conductual (DBT) 

Psicoterapia Analítico Funcional (FAP).

Terapia familiar sistémica

Es un enfoque terapéutico que se centra en las relaciones y la dinámica familiar. Entiende a la persona como participante de un sistema lleno de relaciones y vinculaciones que le influyen.

Se centra en la relación del individuo consigo mismo, y además, sobre la relación entre personas, dado que la vinculación es un eje central del ser humano.

La TFS interviene, por lo tanto, en las personas y sus vínculos relacionales como son la familia, la pareja, equipos de trabajo, contextos escolares...

Se ha demostrado su eficacia en conflictos familiares, salud mental en niños y adolescentes, apoyo a los miembros que atraviesan un proceso de separación o divorcio, adopción o acogida de niños, violencia doméstica, procesos de inmigración y adaptación cultural.

Terapia cognitivo-conductual

Es una forma de entender cómo pensamos sobre nosotros/as mismos/as, de otras personas y del mundo que nos rodea y, de cómo lo que hacemos afecta a nuestros pensamientos y sentimientos. La TCC ayuda a modificar la forma en la que pensamos (cognición), de nuestros actos (conductas) para ayudarnos a sentirnos mejor.

A diferencia de otras terapias, la TCC se centra en el “aquí y ahora”. En lugar de centrarse en las causas en el pasado, busca maneras de mejorar nuestra situación en el presente.

Se ha demostrado su utilidad en ansiedad, depresión, pánico, agorafobia y otras fobias, bulimia, trastorno obsesivo- compulsivo, trastorno de estrés postraumático, esquizofrenia...